martes, 31 de diciembre de 2013

MI DESPEDIDA DEL AÑO 2013

Amigos de alma (mi blog), este año ha sido un poco diferente a los demás, las tormentas han acudido a nuestras casas, los amigos necesitados de todo, han necesitado al amigo para hablar, reír, buscar el hombro donde descansar de tanta injusticia, corrupción, miserias que al cabo de una vida no la querían, y por eso decidieron trabajar y guardar para cuando no hubiera, pero no ha podido ser, nos han humillado, pisoteado, y queriendo el retroceso de unos años conseguidos a base de formación cultural, ya que un pueblo sin cultura es un rebaño de ovejas unas detrás de las otras, ya que no tienen sentido del orden. Estamos asistiendo a tantas cosas que son penalizadas y nadie dice nada, que aunque nos quede un soplo de aire seguiremos gritando aunque se hagan los sordos. Niños que no tienen para comer, padres llorando por no poder dar a sus hijos necesidades primordiales como es la educación y la sanidad............mientras..............hay quien tiene cada vez más y más a costa de toda la generación luchadora y ahorradora que les a costado una vida conseguirla. Ellos (el  gobierno) solo sabe rezar y darse golpes de pecho, ya les daría yo lo que necesitan. BIENVENIDO 2014

NOCHEVIEJA 2013


Nochevieja 2013: El doodle de Google se pone sus mejores galas  para despedir el año

El buscador se prepara para recibir al 2014 con un doodle muy especial, sumándose a las celebraciones que este martes reciben con los brazos abiertos el año nuevo

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Google no ha dejado pasar la ocasión de conmemorar la Nochevieja 2013 y celebrar el cambio de año. El popular buscador nos saluda este martes con un singular doodle en su portada que, conmemorando la despedida del año, se convierte en el último de estos especiales homenajes que ya son grandes clásicos. Google prescinde hoy de su habitual logotipo para sorprender a los internautas con un diseño más colorido y alegre de lo normal, pero sobre todo más informal y con un toque fiestero que nos recuerda que esta noche estrenamos Año Nuevo.
Una noche mágica
El fin de año está rodeado de un cierto halo de magia y misticismo. En esta Nochevieja 2013 muchos desempolvarán algunos de los rituales más típicos de esta noche que para la mayoría tiene un gran significado. Tomar las doce uvas al ritmo de las campanadas, brindar con champán o llevar una prenda color rojo, son algunos de los rituales para atraer, en teoría, la buena suerte.
La tradición de celebrar la llegada del nuevo año con doce uvas nació a finales del siglo XIX, cuando en Valencia hubo una cosecha excepcional. Para dar gracias y pedir otros años igual de prósperos, los productores decidieron que debían acabar y comenzar el año consumiendo uvas, y se acordó que el mejor momento sería al sonar las doce campanadas. La innovación se fue extendiendo al resto de España. Aunque en España se vea como algo totalmente arraigado, en otros países no existe esta tradición de Fin de Año aunque a algunos de América Latina se ha ido exportando. El ritual de Nochevieja dice que cada una de las doce uvas debe comerse al ritmo de las campanadas y pedir un deseo para que se cumplan durante 2014. El brindis con algo de oro en la copa de champán o cava o tener algo de dinero de bolsillo o en los zapatos, es otra de las fórmulas para atraer la fortuna, la abundancia y la prosperidad económica.
Entre las supersticiones más populares está la de llevar una prenda de ropa interior de color rojo en Nochevieja para atraer la suerte en el amor. Existe la variante del color amarillo para atraer el dinero, aunque otros apuntan que hay que llevarla del revés y ponerla del derecho en el nuevo año. Otros rituales también son limpiar la casa para deshacerse de las malas vibraciones del año que se despide, encender velas, abrir las ventanas, entrar con el pie derecho, escribir los deseos en un papel y tenerlo mientras suenan las doce campanadas de Fin de Año, o entrar y salir de casa con varias maletas para que el nuevo año traiga muchos viajes, son algunos de los múltiples rituales que rodean la Nochevieja.
Uvas y brindis
Doce uvas y un brindis. Las campanadas de un reloj. Cena, música y baile. Familia y amigos. En casa o en la calle. De esta forma, acostumbrados desde hace tiempo, celebramos la Nochevieja 2013. Pero, ¿cuándo comenzó la tradición? En la década de 1890 empezaron a proliferar las noticias en la prensa sobre la celebración del fin de año y la entrada en el Año Nuevo. Por ellas sabemos que ya estaba muy extendida la costumbre de reunirse las familias y los amigos íntimos para cenar esa noche y que a las doce se llenaban las copas para brindar por la felicidad y la dicha en el nuevo año.
Entre esas reuniones de Fin de Año y Año Nuevo destacaban las fiestas organizadas por la aristocracia y las familias ricas para pasar una velada con invitados que incluía una cena bufé, música, baile y brindis con champán helado. También sabemos que en esos círculos aristocráticos ya era habitual tomar las uvas a las doce de la noche, justo antes de la llegada del Año Nuevo. Según El Imparcial de Madrid, del 1 de enero de 1894 «la costumbre ha sido importada de Francia» y se había generalizado en unos pocos años. Inicialmente se tomaban tres uvas simbólicas para propiciar «alegría, salud y dinero»; pero rápidamente su número se incrementó hasta doce, una por cada mes, y hasta trece, siendo la última la que aseguraba la suerte. La tradición popular de tomar esas uvas con las campanadas del reloj de la Puerta del Sol no está muy claro cuándo se inició, pero ya el 31 de diciembre de 1902 nutridos grupos de personas se juntaban allí para celebrar el cambio de año.
Tradiciones de otros tiempos

Muy distinto a la Nochevieja 2013, en A Coruña, a comienzos del siglo XX, no era muy frecuente la celebración de fiestas especiales la última noche de diciembre. De vez en cuando se celebraba alguna en las casas de las familias aristocráticas. En ellas además de bailar, cenar y cotillear, los jóvenes solteros de ambos sexos solían jugar a «echar los estrechos». Este juego consistía en sacar al azar, entre los concurrentes, dos nombres, uno de varón y otro de mujer, que tenían que dedicarse mutuamente tres o cuatro renglones con frases ingeniosas, soportando las ironías y bromas de los demás. En la década de 1910 proliferarán los bailes con cena, uvas y champán organizados por las sociedades recreativas como el Nuevo Club o el Circo de Artesanos.
Desde siempre, las clases populares celebraron la entrada del Año Nuevo con murgas, rondallas y organillos que recorrían las calles hasta altas horas de la noche tocando y felicitando a los Manueles y Manuelas por su onomástica; al mismo tiempo, burlando la vigilancia de serenos y guardias, las parejas aprovechaban para bailar estrechamente entrelazados al compás de la música. Las calles se llenaban de bullicio y animación, proliferando también el vino y las curdas.
Fue el 31 de diciembre de 1912 cuando por primera vez el pueblo coruñés celebró la despedida del año y la bienvenida al Año Nuevo en la plaza de María Pita. Ese año se había instalado el reloj en la torre central del Palacio Municipal. La plaza estuvo muy concurrida y la gente esperó a que vibrasen las campanadas de las doce para tomarse las trece uvas entre grandes demostraciones de alegría.
Pero la de la Nochevieja es una celebración con una extenso recorrido, considerada una fiesta de gran envergadura en determinados lugares del mundo. En Sídney, más de 80.000 fuegos artificiales surcan el cielo a medianoche ante la mirada de más de un millón y medio de asistentes cada año. En Valparaíso reciben a más de dos millones de visitantes, que cada Año Nuevo son testigos de la pirotecnia más extensa del mundo a lo largo de 30 kilómetros sobre toda la bahía. En Nueva York, una gran bola de cristal desciende sobre una multitud en Times Square.
También la cultura hispanoamericana cuenta con una gran variedad de tradiciones y supersticiones estas fehas. Descorchar una botella de sidra o champán a las 00:00 horas del 1 de enero se mantiene como todo un símbolo de celebración del Año Nuevo. En algunos países se suele quemar un muñeco hecho de trapos viejos, relleno de paja, para simbolizar el año que se deja atrás.

viernes, 6 de diciembre de 2013

NELSON MANDELA

 NELSON MANDELA
 


Nelson Mandela nació el 18 de julio de 1918, en Umtata (Sudáfrica). Sus padres fueron Henry Mandela y Nose Keni, ambos de la etnia xosha. Estudió derecho en la Universidad de Fort Hare. Cuando tenía 23 años consiguió trabajo en un estudio jurídico de Johannesburgo. Poco después se unió al Congreso Nacional Africano (CNA), una organización que hacía campañas pacíficas contra la discriminación y excesiva explotación que sufrían los negros sudafricanos.

En 1943, Nelson Mandela fundó la Liga Juvenil y organizó movilizaciones de protesta contra el sistema de segregación racial denominado apartheid. El gobierno blanco reprimía a sangre y fuego a los manifestantes, por lo que en 1961 Mandela fundó una organización llamada Umkhonto we Sizwe ("Lanza de la Nación") con la cual pasó a la lucha armada. Pero al año siguiente fue capturado en Johannesburgo, lo sometieron a juicio y lo condenaron a cadena perpetua. Tenía 46 años cuando fue llevado a la prisión de la isla Robben, frente a Ciudad del Cabo.

En los siguientes años sus seguidores continuaron luchando contra el apartheid dentro y fuera de Sudáfrica. Muchos gobiernos del mundo empezaron a exigir la libertad de Mandela y la abolición de la segregación racial. Winnie Mandela, propagó los ideales de su esposo y lideró muchas movilizaciones que buscaban su libertad.

Recién en 1990 el presidente moderado Frederik de Klerk liberó a Nelson Mandela, quien ya tenía 71 años. En los siguientes meses ambos líderes negociaron la eliminación del apartheid, la que quedó derogada oficialmente en 1991. Los dos fueron galardonados con el Premio Nobel de la Paz en 1993.

En 1994, Mandela fue elegido presidente de Sudáfrica y gobernó hasta 1999. En este periodo se esforzó por reconciliar a los sudafricanos y coadyuvó en el cese de varias guerras del continente, como en Zaire. Luego se retiró de la vida política, pero su opinión seguía siendo consultada en asuntos importantes de su país.

A finales de 2012, su salud se deterioró rápidamente por una infección pulmonar. A partir de junio de 2013 permaneció en estado crítico, hasta que falleció en Johannesburgo el  de diciembre de 2013.

jueves, 5 de diciembre de 2013

GIMENA "el sueño de una tortuga"

Gabriel T. Rojo
Presentació literària en Alcoi

“Gimena, el sueño de una tortuga”, primera novel·la de l’alcoià Gabriel Terol

Són poques voltes les que coincideixen la publicació d'una novel·la i el fet que siga la primera obra d'un projecte editorial. En este cas, la conjunció dels dos elements es dóna en "Gimena, el sueño de una tortuga". Es tracta de la primera novel·la literària de l'alcoià Gabriel Terol Rojo (1974), publicada per La Castaña Pilonga, empresa 100% alcoiana que inicia amb este llibre la seua trajectòria. Gabriel Terol és Llicenciat en Filosofia, Doctorand en Sinologia i professor de Llengua i Literatura xineses a la Universitat de València. És autor d'un altre llibre, "Curso intensivo básico de lengua china" i de nombrosos textos acadèmics. Ara, combina la seua faceta docent a la universitat amb la literària i la professional, ja que és traductor de xinés i agent d'exportació.

En ARAMULTIMÈDIA hem tingut el plaer de mantindre una conversa amb ell abans de la presentació oficial del llibre , Ací teniu una primera aproximació al contingut d'esta interessant proposta i una invitació a conéixer-la un poc mes.

Comencem parlant del perquè de la novel·la i l'autor reconeix que s'ha deixat influir molt pel seu bagatge personal de lectures i interesos, on posa per damunt de tot la tradició històrica de les comèdies eròtiques xineses. "Principalment, en el seu plantejament global. La literatura xinesa, així com altres tradicions escrites i orals, han recollit de sempre l'erotisme com a una de forces més presents a la vida de les persones". No obstant, no és una novel·la d'època, sinó actual, en la que els protagonistes viuen una "vida molt normal, molt comú, en la que hi ha circumstàncies i contextos reconeixibles i quotidians de les persones del segle XXI".

Inevitablement, el plantejament, on ja d'entrada hi ha una trama principal d'un triangle amorós en la que el sexe juga un paper important, ens recorda la recent popularitat d'esta classe de llibres i la pregunta per la seua relació es òbvia. L'autor diu que "no és l'única raó que m'ha dut a publicar, però no vaig a negar que és un dels motius pels quals he decidit per acabar fer realitat el projecte". En este sentit, la diferència substancial entre eixos altres llibres i Gimena és que "qualsevol lector o lectora podrà identificar escenes i situacions que, o bé han viscut, o bé coneixen a través d'altres persones del seu entorn. Per això és una història del segle XXI i per això entenc i espere que la seua lectura enganxarà a molta gent".

Eixa actualitat d'este drama psicològic està reforçada per la presència d'altres ingredients culturals que potencien la idea de la quotidianitat. "Les referències musicals, gastronòmiques, literàries, mediàtiques o cinematogràfiques que conté Gimena podrien ser les de qualsevol persona. Són llocs comuns on el lector, moltes voltes, estarà com mirant-se a l'espill". Són elements que, a més, juguen un paper important des del punt de vista narratiu. És més, explica Gabriel Terol, "jo recomane que qui llija el llibre escolte també les peces musicals que van suggerint-se en cada escena".

La trama arranca amb un encontre fortuit i virtual. "Són les casualitats les que, sense saber-ho, més ens marquen i acaben convertint-se en importants en la nostra vida". A partir d'ací, els personatges inicien una història en la que es veuen espentats per un torrent d'experiències molts intenses. Les decisions que aniran prenent; decicions en principi de persones adultes, aniran marcant-los la personalitat i, d'alguna manera, traumatitzant-los. "He volgut, a més, imprimir-li a la redacció un estil personal diferent amb el que espere que el lector visca la història amb la mateixa intensitat que els seus protagonistes de paper". Perquè del que es tracta, segons l'autor, és "d'activar la consciència de vivències i experiències que ens envolten a tots, però que no tenen la rellevància i importància que deurien a les nostres vides". Han sigut quasi dos anys des que Gabriel Terol va pensar en escriure la primera línia. "Necessaris per a posar-me en la pell d'un escriptor de textos no acadèmics". Necessaris, també per "plasmar el que considere que és una profunda reflexió sobre la nostra societat".

Ara, com a objectiu immediat, hi ha presentació. "Després, com crec que és evident, espere que vinguen més històries i més llibres".

La Castaña Pilonga

Com explicàvem al principi de l'entrevista, "Gimena, el sueño de una tortuga" és el primer llibre d'una editorial 100% alcoiana. Aquest projecte aposta per traure-li partit i rendiment a les possibilitats que ofereixen les tecnologies digitals de la comunicació i el fet que hi haja molts escriptors i escriptores que no poden publicar amb altres segells. Els impulsors de l'editorial lligen i valoren les característiques dels originals que els arriben i després d'un procés de selecció faciliten tots els tràmits necessaris perquè la publicació de l'obra siga una realitat. Segons ens expliquen de l'editorial, "apostem per autors originals i obres de qualitat, que auguren un futur literari fructífer". A més de la tradicional publicació en paper, en La Castaña Pilonga es fan edicions digitals, en la línia de les actuals tendències de lectura.

ANDRE-JACQUES GARNERIN 1º EN SALTAR EN PARACAIDAS

André-Jacques Garnerin
 

 
¿Alguna vez te preguntaste quién y cuándo se realizó el primer salto en paracaídas? Google tiene la respuesta a esa duda existencial: el francés André-Jacques Garnerin fue el intrépido hace 216 años. Y para recordar tan valeroso acontecimiento, el buscador cambió su portada para homenajearlo con un doodle animado.

André-Jacques Garnerin nació el 31 de enero de 1769, en París, Francia. Dedicó la mayor parte de su vida a volar globos aerostáticos. A sus 28 años de edad, decidió emprender la aventura de caer desde el cielo.

Ese 22 de octubre de 1797 en París, el aventurado francés se elevó en un globo más de 900 metros. Su paracaídas estaba hecho de seda atado a un poste que lo hacía parecer un paraguas de gran tamaño; después de alcanzar la altura deseada, se soltó de la canasta y abrió su paracaídas. Mientras la canasta caía estrepitósamente, Garnerin flotó por el cielo y descendió sin hacerse ningún daño.

¿Alguna vez has saltado con paracaídas? Si no lo has hecho, Google te ayuda a recrear esa experiencia, y si ya has saltado, también esto te puede divertir:

Cuando entres a Google, verás a Garnerin esperándote para que lo eleves. Una vez que le des 'play' a la animación, el globo se eleva, cruza las nubes y cuando esté en un punto máximo, ahí tomas el control de su destino.

Según decidas ir a la derecha o la izquierda —con las teclas de tu computadora—, dirigirás al pequeño André-Jacques, pero debes tener cuidado, ya que dependiendo de tu dirección será el terreno donde caiga: una selva, el Polo Norte, la playa o en la ciudad.

Cuando finaliza el salto, el paracaidista francés saluda y aparecen las letras de Google.

Garnerin murió el 18 de agosto de 1823, en París, tras impactarse contra una viga cuando efectuaba los preparativos para realizar un vuelo en un globo dirigible.

lunes, 2 de diciembre de 2013

90 cumpleaños de MARIA CALLAS


María Callas celebra su 90 cumpleaños en Google

La diva de la ópera, nacida tal día como hoy en el año 1923, consiguió rendir completamente al público sobre los escenarios, pero nunca compensar todo el amor que le faltó durante sus primeros años de vida ni superar la ruptura amorosa con Aristóteles Onassis

Neoyorquina de origen griego, nacida en el Bronx bajo el nombre de Cecilia Sophia Anna Maria Kalogeropoulos, María Callas, convertida en un icono popular que trascendió el círculo cerrado de la lírica para jugar en la misma división que Jackie Onassis, Marilyn Monroe o Audrey Hepburn, hubiese cumplido este lunes 90 años. Su vida no fue sencilla. La gloria sobre las tablas nunca logró compensar la carencia de amor que desde muy pequeña ya echó en falta. Falleció a los 53 años de un ataque al corazón en París, retirada de la escena por la pérdida de voz progresiva que muchos achacaron a su rápida pérdida de peso y a que La Divina se volvió triste tras la separación de Onassis.
María Callas huyó pronto del entorno familiar para buscar realizar un sueño para el que la pequeña y regordeta niña del Bronx y ascendencia helena no parecía predestinada. Su madre intentó vender su cuerpo por las tabernas portuarias de Atenas para pagarse un piso y financiar la promoción de la otra hermana, toda una belleza. Pero el público tabernario se quedó de una pieza cuando Callas se apoyó en un piano de pared y alzó la voz sobre sus cabezas. Según recoge la biografía Tan fiera, tan frágil (Lumen, 2009) de Alfonso Signorini, un puñado de dracmas y un plato de sopa fue el primer salario de una María Callas a la que su madre tampoco se lo pensó dos veces a la hora de echarla como carnaza sexual a las tropas italianas que en 1944 ocupaban Grecia.
El coronel Mattia Bonalti solo acertó a morderla en el cuello en el cuartel Agios Georgios, antes de que María Callas se irguiera sobre su llanto y su repugnancia para emprender La Traviata e imponer el hechizo de su voz más viva. El coronel no pudo sino subirse los pantalones y presentar sus respetos ante aquella mujer que, el 14 de septiembre de 1945, convertida en un éxito aplastante desde Atenas a Salónica, se embarcaba de regreso a su Nueva York natal, donde metería en cintura al mismísimo Edward Johnson, director general del Metropolitan Opera House. Johnson le ofreció a María Callas cantar Madame Butterfly y Otelo, aunque ella era consciente de que su éxito dependía de que cantara Norma. Pero Norma no entraba en los planes de aquel hombre que la despidió con cajas no demasiado templadas. «Llegará el día en que el Metropolitan se pondrá de rodillas para contratarme -le dijo ella al abandonar el despacho-. Y yo solo lo aceptaré para cantar Norma por un caché exorbitante. Así aprenderá usted a no tratar de cualquier modo a María Callas».
fue moldeada por su profesora en el Conservatorio de Atenas, la española Elvira de Hidalgo, de patito feo llegado del Bronx a acabar convirtiéndose en el mito vocal más importante del siglo XX. «Que precisamente esta muchacha abrigara el deseo de convertirse en cantante, resultaba simplemente ridículo. Era grande y gorda, llevaba gafas... Todo su ser era torpe. Pero cuando comenzó a cantar, me inundaron cascadas de sonidos todavía incontrolados, pero llenos de drama y emoción. Escuché atentamente con los ojos cerrados y me imaginé la dicha que supondría trabajar con ese material», describió De Hidalgo. De la mano de su mentora, María Callas comenzó un proceso formativo que desembocaría en toda una revolución para la escena lírica de su tiempo, cuyas consecuencias aún perduran.
De Hidalgo pulió aquel privilegiado instrumento sin desbravar en intensas sesiones que no acababan nunca: ella era la primera en llegar y la última en irse del conservatorio, cuando terminaba las suyas se quedaba a seguir las clases de los otros alumnos («hasta de los peores se puede aprender algo», solía decir); pero fue Tullio Serafin quien supo orientar su catálogo hacia el redescubrimiento de un repertorio olvidado o, como poco, maltratado por sus coetáneos. Serafin, que dirigió a María Callas en algunas de sus más célebres grabaciones, apreció en sus aptitudes la posibilidad de restituirles toda la verdad a los grandes personajes femeninos del belcantismo.
A través de ellas, Bellini y Donizetti habían querido expresar todo el sufrimiento y la desesperación de unas mujeres relegadas a un plano secundario en un mundo violento y opresivo dominado por el hombre. Aquellos «gritos», convenientemente articulados mediante escalas, giros, coloraturas y otros adornos servían a la causa de un temprano feminismo al rebelarse contra las injusticias sufridas en silencio. Ahí apareció María Callas, con su «voz grandiosa y fea», como la definía Serafin, para producir «una variedad de sonidos inaudita, irritante y muy frecuentemente chocante, que en sí mismos eran un eco de dramas internos» (Jürgen Kestin).
Quizá por eso, a los teatros les costó llegar a reconocer en María Callas a la fiel e infatigable restauradora de una tradición olvidada: Callas no era la típica soprano ligera de la época que se limitaba a cumplir el papel asignado de anestesiar al público con la brillantez de sus ornamentaciones perfectamente ejecutadas, pero sin alma; aquella nueva aparición añadía brío y sonidos penetrantes a la coloratura, confiriéndole al canto una tensión y una intensidad que se creían ya olvidados desde los tiempos legendarios de Giuditta Pasta y María Malibrán.
Además de convencer a directores artísticos de su peculiar estilo, María Callas tuvo varios obstáculos que solucionar. Tuvo que poner en su sitio a su rival legendaria, Renata Tebaldi, y al peso que le sobraba. En ambas lides dejó bien clara la fortaleza de su carácter. Para hundir a Tebaldi contó con la colaboración fortuita, desinteresada e imperturbable de Toscanini, que andaba en busca de una voz para la siempre salvaje lady Macbeth. Ella le ofreció un canto que él oyó como si fuera «la expresión de una pantera». Ninguno de los tres concernidos fue consciente de ello, pero aquellos primeros y resonantes pasos de María Callas en La Scala de Milán sellaron lo que hasta entonces había sido la buena suerte de la Tebaldi.
Poco después, cuando Lucia di Lammermoor se cruzó por su camino, María Callas decidió que había llegado el momento de comenzar a trabajar para que mirarse al espejo y romper a llorar no fueran la misma cosa. Lucia era una novia ligera y casi etérea que se dejaba caer en el escenario como si fuera la pluma desprendida de un ángel o la lágrima de un fantasma. El cuerpo de María Callas no sugería ninguna de esas imágenes. Jayne Mansfield -una actriz explosiva- la puso al tanto de los métodos con los que habían adelgazado Rita Hayworth, Greta Garbo o Marilyn Monroe. El primero de aquellos métodos quedó descartado de inmediato. Se trataba de la cocaína. Funcionaba estupendamente para que el consumidor adelgazase, pero creaba adicción, era malo para las coronarias y podía suscitar problemas con la memoria. María Callas tenía la tensión muy baja y nada temía más que olvidar una nota.
El segundo método era aún más eficaz, y también más asqueroso, pues consistía en un régimen de huevos de tenia mantenidos en el cuerpo a lo largo de los tres meses imprescindibles para modificar el metabolismo. La dosis consistía en veinte huevos del parásito bebidos en un vaso de agua. La cantante era una dama de la escena, de modo que se los bebió en una copa de champán helado. Perdió 16 kilos en un mes. Y se encarnó en el cuerpo que deseaba.
Antes de conquistar La Scala, María Callas tuvo que dar varios rodeos. Cantó en Latinoamérica, «como una gata salvaje», según ella misma definió sus legendarias actuaciones en Buenos Aires, Río de Janeiro o México, afortunadamente preservadas en grabaciones de la época; pero después de arrasar el Maggio Musicale Fiorentino con unas históricas representaciones de I vespri siciliani, dirigidas por Erich Kleiber, las puertas del principal teatro italiano ya no se le resistirían más.
En 1953 María Callas regresó allí para marcar una década en la que la ópera dejó de ser el opio de unos privilegiados para convertirse en el espacio destinado a experimentar toda la verdad del drama, a la luz de nuevas y más intensas emociones. Como a menudo olvidan algunos responsables de teatros y festivales, la piedra angular sobre la que se debe edificar ese proceso se encuentra en el secreto de las voces y María Callas supo hacer de la suya el instrumento primordial para llegar hasta el fondo de los personajes, su representación dramática. Colaborando además con Visconti, Bernstein y los grandes cantantes de su tiempo (Di Stefano, Corelli, Simionato, Bastianini...) selló una época dorada del arte lírico en la que delineó los precisos límites de excelencia a los que habría que aspirar siempre, con una mezcla perfecta de ambición y humildad, tesón e inteligencia.
En Milan María Callas interpretó Lucia di Lammermoor como si fuese una diosa de rostro exangüe y con el erotismo de un hada. Su voz se hizo «aterciopelada y arcana» bajo la batuta de Herbert von Karajan. La aplaudieron durante 28 minutos. Ella sola en el escenario de La Scala y el teatro más prestigioso y crítico del mundo convertido en una ovación. «Eres divina», le gritaron desde el gallinero. El siguiente en decírselo fue el multimillonario naviero griego Aristóteles Onassis. Poco después de que las cuentas con el Metropolitan quedaran ajustadas gracias a un contrato de cinco mil dólares por una representación de la Norma de Bellini, Tina Onassis, la mujer del naviero, dejó libre su camarote en el yate Christina para que lo ocupara María Callas. Aquello fue la cumbre vital para la cantante. Apenas tres años después, Onassis se liaba con Jackie Kennedy. Asesinado el presidente, su hermano, Ted Kennedy, imploró al naviero que se casara con la viuda. Y Callas abandonó el Christina para entrar en su ocaso. «Es raro encontrar a una mujer vestida de Chanel que hable un inglés tan perfecto», dijo María Callas sobre la mujer de Onassis. «Es normal -respondió Tina-. Aprendí a hablar en Oxford, a pensar en Nueva York y a vestirme en París».

 María Callas y el significado de la música
A través de la colaboración con Serafin, el primer director que descubrió las inmensas posibilidades de su talento, María Callas aprendió el significado de la música. Fue él quien la apartó del repertorio alemán (Brunilda, Isolda, Kundry) y le hizo aprenderse Puritani, en apenas una semana, Norma o Sonnambula. Las enseñanzas del maestro italiano le sirvieron para profundizar en la interpretación: «Aprendí que cuando se busca un gesto determinado sólo hay que fijarse en la música; si se oye con el corazón en los oídos, todo está ahí (en la partitura)». María Callas añadirá, para desesperación de muchos directores de escena modernos: «El libreto no es determinante, la verdad se encuentra en la música».
En 1968, María Callas opina que «la ópera está muerta»y que «hay que devolverle su credibilidad». Su receta para aportarle «aire fresco» consiste en «recortar tiempos y repeticiones» y «reducir» los movimientos de los cantantes para «crear una atmósfera creíble», que permita «penetrar en el mundo interior del compositor». «Para poder servir al arte», los cantantes «deben captar la voluntad del compositor y hacerle justicia». Algunos de los consejos que luego le servirían durante toda su vida, los recibió de Luchino Visconti (María Callas hizo también sus pinitos en el cine). Así, confiesa que cuando colaboraron en la célebre Traviata milanesa, de 1955, el director le explicó que cuanto menos se moviera, mejor. «A menor movimiento, una mayor intensidad y pureza artística; lo que te permite concentrarte en la expresión». «Con la ayuda del espíritu y la razón he sido capaz, en algunos momentos, de transmitir emociones al público, siempre al servicio del arte y de la música», dijo María Callas.

lunes, 21 de octubre de 2013

88º ANIVERSARIO DE CELIA CRUZ


Celia Cruz



 
 



 

 
 
Segunda hija de un fogonero de los ferrocarriles, Simón Cruz, y del ama de casa Catalina Alfonso, Celia Cruz compartió su infancia con sus tres hermanos -Dolores, Gladys y Barbarito- y once primos, y sus quehaceres incluían arrullar con canciones de cuna a los más pequeños; así empezó a cantar. Su madre, que tenía una voz espléndida, supo reconocer en ella la herencia de ese don cuando, con once o doce años, la niña cantó para un turista que, encantado con la interpretación, le compró un par de zapatos.

Con otras canciones y nuevos forasteros calzó a todos los niños de la casa. Después se dedicó a observar los bailes y a las orquestas a través de las ventanas de los cafés cantantes, y no veía la hora de saltar al interior. Sin embargo, sólo su madre aprobaba esa afición: su padre quería que fuese maestra, y no sin pesar intentó satisfacerle y estudiar magisterio, pero pudo más el corazón cuando estaba a punto de terminar la carrera y la abandonó para ingresar en el Conservatorio Nacional de Música.

Mientras tanto, Celia Cruz cantaba y bailaba en las corralas habaneras y participaba en programas radiofónicos para aficionados, como La Hora del Té o La Corte Suprema del Aire, en los que obtenía primeros premios tales como un pastel o una cadena de plata, hasta que por su interpretación del tango Nostalgias recibió en pago 15 dólares en Radio García Cerrá.

 
 
 
 
Más tarde cantó en las orquestas Gloria Matancera y Sonora Caracas y formó parte del espectáculo Las mulatas de fuego, que recorrió Venezuela y México. En 1950 ya había intervenido en varias emisoras cuando pasó a integrar el elenco del cabaret Tropicana, donde la descubrió el director de la Sonora Matancera, el guitarrista Rogelio Martínez, y la contrató para reemplazar a Mirta Silva, la solista oficial de la orquesta.

A lo largo de los años cincuenta Celia Cruz y la Sonora Matancera brillaron en la Cuba de Pío Leyva, Tito Gómez y Barbarito Díez; del irrepetible Benny Moré, del dúo Los Compadres, con Compay Primo (Lorenzo Hierrezuelo) y Compay Segundo... La Cuba de Chico O’Farril y su Sun sun babae, la de La conga de los Habana Cuban Boys, la de Miguel Matamoros con su Mamá, yo quiero saber de dónde son los cantantes, la de Miguelito Valdés con su Babalú... Celia aportó su Cao Cao Maní Picao y se convirtió en un éxito, y otro posterior, Burundanga, la llevó a Nueva York en abril de 1957 para recoger su primer disco de oro.
Celia Cruz se había ganado ya varios de los apodos y títulos con que quisieron distinguirla. Fue la Reina Rumba, la Guarachera de Oriente y, desde las primeras giras -por México, Argentina, Venezuela, Colombia...-, la Guarachera de Cuba.
Era la Cuba corrupta y bullanguera de Fulgencio Batista. Cuando el dictador se vio obligado a refugiarse en la República Dominicana ante el triunfo de los castristas, el 1 de enero de 1959, la orquesta tuvo que andar otros caminos. Según la cantante, desde entonces soportaba mal que le dijeran qué y dónde tenía que cantar. El 15 de julio de 1960 la banda en pleno consiguió el permiso para presentarse en México y, una vez allí, en parte impulsada por el agravamiento de las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, decidió no regresar.
Después de un año de aplausos en la capital azteca, Celia Cruz se mudaba a Estados Unidos y sellaba su primer compromiso para actuar en el Palladium de Hollywood. Si bien declaró en aquellos días «he abandonado todo lo que más quería porque intuí enseguida que Fidel Castro quería implantar una dictadura comunista», su furibunda militancia anticastrista nació después, a partir del 7 de abril de 1962, cuando supo de la muerte de su madre y no pudo entrar en la isla para asistir al entierro. Llegó a confesar incluso que estaba dispuesta a inmolarse haciendo estallar una bomba si con ello hacía desaparecer «al Comandante».
Tres meses después, el 14 de julio de 1962, Celia Cruz se casó con el primer trompetista de la orquesta, Pedro Knight, quien a partir de 1965, en que ambos dejaron la Sonora, se convirtió en su representante. Celia Cruz inició su trayectoria como solista junto al percusionista Tito Puente, con el que grabó ocho álbumes. Los jóvenes hispanos de Nueva York la descubrieron en 1973 en el Carnegie Hall, cuando integraba el elenco de la «salsópera» Hommy, de Larry Harlow.
Posteriormente, participó en un legendario concierto grabado en vivo en el Yanquee Stadium con The Fania All-Stars, un conjunto integrado por líderes de grupos latinos que grababan para el sello Fania. Ya era famosa en 1974, cuando grabó el disco Celia & Johnny con el flautista dominicano Johnny Pacheco, considerado el primer clásico del género.
Desde entonces, el éxito fue una constante en centenares de conciertos coreados por un público entregado al grito de su Bemba colorá. Esa voz electrizante, su alegría contagiosa y el llamativo vestuario fueron pronto una bandera de identidad de los inmigrantes. Ella, a su vez, terminó por asumir el rol de estandarte del anticastrismo.
Como tal, Celia Cruz quiso dejar su impronta también en el cine, y participó como actriz -ya lo había hecho varias veces como cantante- en Los reyes del mambo (1992) y Cuando salí de Cuba (1995), porque ambas películas reflejaban historias de los primeros exiliados cubanos, en parte cercanas a la suya. Aunque la suya fue única, y así lo entendieron los miles de compatriotas que desfilaron ante sus restos despues de que falleciese el 16 de julio de 2003, a los setenta y ocho años de edad, en Miami y Nueva York, donde recibió sepultura.
También los cubanos de la isla, pese a la prohibición oficial de su música después de más de cuarenta años, reconocían su valor de guarachera universal, la más grande embajadora musical de Cuba. Pocos días después de su fallecimiento fue homenajeada por sus compañeros de profesión en la gala de entrega de los Grammy latinos.
«¡Azúcar!» era su potente grito infeccioso, la contraseña de apertura y cierre de sus conciertos y la clave para hacerse entender en todo el mundo. Difícilmente alguien ha bailado más -y ha hecho bailar más- que esta cubana de sonrisa contagiosa y persistente que conquistó adeptos de todas las latitudes a lo largo de más de cincuenta años de exitosa trayectoria. Cantante de guarachas, danzones, sones y rumbas en sus comienzos, Celia Cruz siempre estuvo abierta a nuevas experiencias que la llevaron a abordar otros ritmos y a unirse a proyectos en principio arriesgados para una artista consagrada.
Así se erigió en la imagen distintiva de la salsa con orquestas como las de Tito Puente, Willie Colón, Ray Barretto o Johnny Pacheco, y así llegó a cantar incluso rock o tango, y a unir su poderosa voz a la de intérpretes tan dispares como el británico David Byrne, el rumbero gitano Azuquita, el grupo argentino Los Fabulosos Cadillacs, los españoles Jarabe de Palo y el rapero haitiano Wyclef Jean, además de improvisar duetos con sus amigas Lola Flores y Gloria Estefan, y con Dionne Warwick o Patti Labelle.
Enfundada en sus fastuosos y extravagantes vestidos, tocada con pelucas imposibles y encaramada sobre esos zapatos únicos de alto tacón inexistente, Celia Cruz conservó hasta casi el último momento una vitalidad insólita. Feliz con su flamante Grammy al mejor álbum de salsa por La negra tiene tumbao, en el verano de 2002 celebró su 40º aniversario de matrimonio con una fiesta que le organizó la cantante Lolita Flores en Madrid.
En noviembre, durante un concierto en el Hipódromo de las Américas de México, D. F., empezó a perder el control del habla. Al regresar a Estados Unidos se sometió a la extirpación de un tumor cerebral, pero al final no hubo remedio. Aun así, el 13 de marzo apareció por última vez en público cuando la comunidad latina le tributó un homenaje en el teatro Jackie Gleason de Miami, que ella rogó que no fuera como una despedida. Se sentía optimista y con fuerzas. Por esos días, entre febrero y marzo, grabó un último disco que no llegó a ver editado. te entrego el alma.
 

martes, 10 de septiembre de 2013

OTOÑO

OTOÑO

Está llegando el Otoño, y con el ese olor a tierra mojada, hojas caídas, gente abrigada, llegar a casa y sentirte bien en compañía de la familia, qué bonito es el otoño y la primavera, son dos estaciones que son cambios tan radicales que me llenan de ganas de emprender cosas, bueno yo tengo que seguir con mis clases de diseño gráfico y precisamente esta semana e de para la matrícula. Bueno me ratifico en mi otoño, queridas hojas, caer que para vosotras no significa una caída, significa un aviso de que llegáis para hacernos felices.

lunes, 15 de julio de 2013

ANIVERSARIO DE REMBRANDT HARMENSZOOM VAN RIJN

REMBRANDT
 
 
Artista holandés del barroco, es uno de los más grandes pintores de la historia del arte occidental. Su nombre completo era Rembrandt Harmenszoon van Rijn. Fue un intérprete excepcional de la naturaleza humana y un maestro de la técnica, no sólo pictórica sino también del dibujo y del grabado. Su obra produjo un gran impacto en sus contemporáneos e influyó en el estilo de muchos artistas posteriores. Es probable que no exista ningún pintor que haya igualado a Rembrandt en su utilización de los efectos del claroscuro o en el empaste vigoroso. Rembrandt nació en Leiden el 15 de julio de 1606. Su padre era molinero. A pesar del hecho de provenir de una familia con escasos medios, sus padres le procuraron una educación esmerada. Rembrandt empezó sus estudios en la Escuela Latina, y a la edad de 14 años fue admitido en la universidad de Leiden. Sin embargo la abandonó pronto para estudiar arte, al principio con un maestro local, Jacob van Swanenburch y después, en Amsterdam, con Pieter Lastman, célebre por sus pinturas históricas.
Tras seis meses, después de dominar todo lo que había aprendido, Rembrandt volvió a Leiden, donde pronto se le tuvo en tan alta consideración que, a pesar de no tener más de 22 años, empezó a contar con sus primeros discípulos, entre los que estaba Gerrit Dou. En 1631 Rembrandt se trasladó a Amsterdam, su matrimonio en 1634 con Saskia van Uylenburgh, prima de un conocido marchante de arte, le ayudó a impulsar su carrera, al ponerle en contacto con clientes adinerados que le encargaban retratos de forma continua. Un ejemplo magistral de este periodo es el Retrato de Nicolaes Ruts (1631, Frick Collection, Nueva York). Además, sus cuadros de carácter mitológico y religioso tenían una gran aceptación. Pintó numerosas obras maestras de gran dramatismo, como El cegamiento de Sansón (1636, Städelsches Kunstinstitut, Frankfurt). Debido a su gran fama como maestro, su taller contaba con un enorme número de discípulos, algunos de los cuales (como Carel Fabritius) ya eran artistas experimentados. En el siglo XX, los expertos han descubierto que un gran número de pinturas que antes se le atribuían a él corresponden a artistas de su taller. Averiguar qué obras son las de Rembrandt e identificarlas es tarea que siguen llevando a cabo los estudiosos en la materia. En contraste con la fortuna de su carrera pública, la vida familiar de Rembrandt estuvo marcada por la desgracia. Entre 1635 y 1641 Saskia dio a luz cuatro niños, de los que sólo sobrevivió el último, Titus. Saskia murió en 1642. Hendrickje Stoffels, contratada como ama de llaves alrededor de 1649, acabó convirtiéndose en su concubina y en modelo de muchas de sus obras. A pesar de su éxito financiero tanto en el campo del arte, como en el de profesor y marchante, su inclinación a la vida ostentosa le llevó a la bancarrota en 1656. El inventario de su colección de arte y antigüedades, realizado antes de que se celebrara la subasta pública para pagar sus deudas, pone de relieve la amplitud de sus gustos artísticos, escultura antigua, pintura flamenca e italiana del renacimiento, arte oriental, obras holandesas coetáneas, armas y armaduras. Por desgracia, los resultados obtenidos en la subasta, incluida la venta de su casa, fueron desalentadores.

Dichos problemas no afectaron al trabajo de Rembrandt, y si algún cambio se percibe es el del incremento de su maestría artística. Algunas de las grandes obras pertenecientes a este periodo son La novia judía (1666), Los síndicos del gremio de pañeros (1661, Rijksmuseum, Amsterdam), Bathsheba (1654, Louvre, París), Jacob bendiciendo a Efraín y a Manasés (1656, Staatliche Gemäldegalerie, Kassel) y un autorretrato (1658, Frick Collection). Su vida personal continuó, sin embargo, marcada por la desgracia, ya que su amada Hendrickje murió en 1663 y su hijo Titus en 1668. Rembrandt falleció once meses más tarde, el 4 de octubre de 1669, en Amsterdam. El estilo de sus primeras pinturas, realizadas en la década de 1620, denota la influencia de su maestro, Pieter Lastman, en la elección de temas de gran dramatismo, composiciones con gran profusión de elementos y contrastes muy marcados de luces y sombras. En El noble eslavo (1632, Museo de Arte Metropolitano, Nueva York) se aprecia su predilección por los trajes exóticos, elemento característico de muchas obras de su primera época. La magnífica obra Retrato de marido y mujer (1633, Isabella Stewart Gardner Museum, Boston), pone de relieve el estilo de sus primeros retratos, preocupación por los rasgos de los personajes retratados, los detalles de la ropa y los muebles de la habitación, esta cuidadosa representación de los interiores desaparecerá en sus obras posteriores. También los miembros de su familia que posaban para él aparecen retratados con diferentes disfraces, como en el caso de La madre de Rembrandt como la profetisa Ana (1631, Rijksmuseum), o en la melancólica Saskia como Flora (1634, Hermitage, San Petersburgo). Quizá no exista un artista que haya pintado tantos autorretratos (alrededor de 60), o se haya sometido a un análisis tan profundo de sí mismo. Sin embargo, no todos los primeros retratos pueden considerarse como una representación objetiva, ya que estos lienzos solían utilizarse como estudios de emociones diversas que después habrían de ser incorporados a obras de tema bíblico e histórico. Es posible que los autorretratos también fueran utilizados para demostrar su dominio del claroscuro, por lo tanto es difícil afirmar qué aspecto tenía Rembrandt partiendo de un autorretrato como el que pintó alrededor de 1628 (Rijksmuseum), en el que el rostro aparece envuelto en sombras tan oscuras que apenas sí dejan entrever sus rasgos. Por otro lado, en ninguno de estos retratos juveniles intentó disimular sus facciones algo toscas. Las obras de tema bíblico representan un tercio de toda la producción artística de Rembrandt, lo cual era algo inusual en la Holanda protestante del siglo XVII, ya que no existían encargos por parte de la Iglesia y el arte religioso no se consideraba importante.

Sus primeras obras de tema bíblico presentan un acentuado dramatismo, dentro de la tónica del gusto barroco. Uno de los primeros encargos públicos importantes que recibió Rembrandt en Amsterdam fue La lección de anatomía del doctor Tulp (1632, Mauritshuis, La Haya), obra que retrata a los miembros del gremio de cirujanos reunidos en una clase práctica de disección. Estos retratos en grupo constituyeron un género único en Holanda y proporcionaron abultados ingresos a los artistas en un país en el que ni la Iglesia ni la casa real actuaban como mecenas del arte. Las obras de Rembrandt superan los retratos conmemorativos realizados por otros artistas holandeses, a través de la interesante estructuración piramidal que aporta naturalismo a la escena. Muchas de las obras de Rembrandt pertenecientes a la década de 1640 muestran la influencia del estilo y el espíritu clasicista.
Un autorretrato (1640, National Gallery, Londres), basado en obras de Rafael y Tiziano, refleja su asimilación del clasicismo tanto en la organización formal como en la expresión de calma interior. En El predicador Cornelis Claesz Anslo y su esposa (1641, Staatliche Museen, Berlín), de espíritu más sosegado que sus obras anteriores, crea una interrelación magistral de los personajes, el ministro está hablando, quizá explicando un pasaje bíblico a su mujer, que escucha en silencio. Otras obras de Rembrandt representan diálogos y, al igual que ésta, aluden a un momento concreto. En La cena de Emaús, una obra muy emotiva (1648, Museo del Louvre), Rembrandt transmite la intensidad de la escena a través de la utilización de luz. Sus retratos de grupo se perfeccionaron en riqueza y complejidad. La obra conocida como La ronda de noche, cuyo título exacto es La compañía del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willen van Ruytenburch (1642, Rijksmuseum), representa la actividad bulliciosa de una compañía militar, apiñada tras sus jefes, preparándose para un desfile o un torneo de tiro. En El artista a una edad avanzada (hacia 1669, National Gallery, Londres), los rasgos de Rembrandt revelan una leve expresión sarcástica. Uno de los retratos individuales más excepcionales es el de Jan Six (1654, Stichting Jan Six, Amsterdam). Six, que lleva un traje de intensos colores rojo, gris y dorado, aparece poniéndose un guante. Es un retrato de estilo semiabstracto que demuestra el audaz virtuosismo técnico de Rembrandt. El temperamento callado y meditabundo de Six se expresa a través del sutil juego de la luz en su rostro. En obras de tema bíblico como José y la mujer de Putifar (1655, Staatliche Museen, Berlín) y El regreso del hijo pródigo, de gran emotividad (hacia 1669, Hermitage), Rembrandt se concentra en el elemento narrativo como en las obras de su primer periodo. En el Museo del Prado, Madrid, se conserva el cuadro Atemisa (1634), retrato de la reina de Pérgamo. Se cree que sirvió de modelo Saskia van Uylenburgh, esposa del pintor. En general, tras esa primera época, Rembrandt había mostrado poco interés en los temas alegóricos o mitológicos. Rembrandt pintó más de 600 cuadros y produjo numerosos dibujos y grabados.

lunes, 8 de julio de 2013

66 ANIVERSARIO DEL INCIDENTE OVNI DE ROSWWELL




El caso de un supuesto incidente protagonizado por un OVNI en Roswell, una localidad del estado de Nuevo México (EEUU), hace 66 años aparece hoy como un nuevo y simpático 'doodle' interactivo en la página de inicio de Google.
Se trata de un suceso que saltó a la primera plana del diario local, el Roswell Daily Record, el 8 de julio de 1947. Entonces el diario aseguró que se había hallado un 'platillo volante' gracias a la colaboración de locales, pese a los desmentidos inmediatos de los militares de la cercana base aérea (base del primer escuadrón atómico del mundo. el Grupo de Bombarderos 509), así como la postura oficial estadounidense, que siempre ha negado la supuesta naturaleza paranormal o extraterrestre de los hechos.
De hecho, la versión más sólida de los hechos se basa en la desclasificación de documentos de la Fuerza Aérea de EEUU a mediados de los años noventa, en los que se apuntaba a que los restos hallados eran los de un globo con un sofisticado equipo de espionaje, enmarcado dentro del Proyecto Mogul, para detectar a gran distancia indicios de pruebas nucleares en la entoces Unión Soviértica.
Pese a todo, parece que este suceso inició lo que algunos consideran la 'ufología moderna'. A pesar de la escasa atención que recibióp durante décadas, a finales de los años setenta dos investigadores, Stanton T. Friedman y William L. Moore, compararon los resultados de una serie de entrevistas que ponían en tela de juicio la versión oficial. Y en 1980, Charles Berlitz y el propio Moore publicaron un libro, 'El incidente', en el que se afirmaba que se hab´ñian recuperado cuerpos de alienígenas.
Esto llevó a Roswell a convertirse en uno de los principales -y más lucrativos- destinos para 'ufólogos' y turistas en busca de experiencias y 'souvenirs'.

miércoles, 3 de julio de 2013

ANIVERSARIO DE FRANZ KAFKA, 130 AÑOS.


Franz Kafka, la impotencia del ser humano frente a lo externo

Con sus perfeccionismo obsesivo, todo en el el escritor judío, nacido hace hoy 130 años, es un dolor que se procrea y recrea constantemente, un dolor que algunos quisieron llamar absurdo, pero que le convirtió en el autor más inquietante y revelador del siglo pasado.
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Todo en Franz Kafka fue un dolor que algunos llamaron absurdo y otros kafkiano. Un retorcido e inquieto universo que le convirtió en el autor más revelador del siglo pasado. Y eso pese a que en sus 40 años y once meses de vida Franz Kafka sólo dio por terminadas 350 páginas y dejó inacabadas 3.500, entre ellas tres novelas, un fiel reflejo de su característica principal, su perfeccionismo neurótico que le convertía en un ser obsesivo que decía estar «hecho de literatura», para él, más que un interés y una inclinación, más que una profesión y un entretenimiento, su propia vida.
La literatura de Franz Kafka presenta la impotencia del ser humano frente a lo externo, que puede ser una transformación monstruosa, como en La Metamorfosis o la presencia de una comunidad endogámica y cerrada que atormenta al personaje principal de El Castillo. Franz Kafka representa el estado permanente de frustración humana. Kafka es el gris más intenso de toda la historia de la literatura. Es el gris que los herederos del existencialismo quisieron copiar y que los «realistas sucios» americanos no supieron expresar acertadamente.

Franz Kafka se colocaba habitualmente una «dulce máscara» de cara al exterior, pero él poseía un «lado oscuro», un mundo interior enrevesado donde habitaba lo que ha pasado a denominarse como kafkiano. Franz Kafka nació en Praga (1883) en el seno de una familia de comerciantes judíos y murió en Kierling, Austria, en 1924. Llegó a doctorarse en Derecho y profundizó también en el estudio y la mística de las religiones judías. En 1917, cuando pensaba irse a Palestina, enfermó de tuberculosis y comenzó a dedicarse en cuerpo y alma a la literatura, a pesar de la oposición familiar, de cinco proyectos matrimoniales frustrados, de su trabajo como agente de seguros y de su grave dolencia que acabaría con su vida. Insatisfecho crónico, autoexigente hasta la flagelación, neurótico compulsivo, Franz Kafka no era, sin embargo, el personaje débil que se ha estereotipado. Lo demuestra que tuviera fuerzas para escribir pese al pefeccionismo inhumano que se autoimponía. Su particular forma de redactar reflejaba una visión propia -surgida de sus temores más profundos, de lo más recóndito de su ser- de lo que quería contar y pretendía exponerla en su totalidad sin ninguna interrupción. Mantener esa intensidad era casi imposible. Solo hay que tener en cuenta la cantidad de obras que no consiguió terminar.
Con todo, existe un divorcio entre el Franz Kafka que conocieron sus semejantes y el Franz Kafka fabricado por la posteridad, tras su canonización literaria. El primero era bastante más jovial, vitalista, alegre y divertido de lo que el lector supone tras enfrentarse a su obra. La personalidad del Franz Kafka de carne y hueso no se deja atrapar con facilidad en el cliché de lo kafkiano acuñado bajo la influencia del universo narrativo que creó. Ciertamente era ingenuo, poco práctico y reservado. Tenía enormes dificultades para organizar su vida, especialmente las relaciones con las mujeres. Sin embargo, no era un amargado, ni un aguafiestas ni un misérrimo místico. Tenía un ingenio rápido y era aficionado a hacer juegos de palabras chispeantes que esparcía a menudo en sus encuentros con la gente. También era un buen compañero de juegos y, al parecer, poseía una habilidad extraordinaria para proyectar en la pared sombras con las manos que causaban el asombro de quienes las contemplaban.
Algo que se repite en varios testimonios de aquellos que concidieron con él en vida es que Franz Kafka daba mucha importancia al hecho de ir bien vestido y que empleaba tiempo en aparentar una elegancia que no llamase la atención. Ni la enfermedad que lo carcomía ni la muerte pudieron arrebatarle a Franz Kafka su cautivadora sonrisa, un gesto que, según la enfermera que le cerró los ojos, permaneció en sus labios cuando ya se había ido.

Los insectos de Kafka
La Metamorfoisis es la novela corta más famosa de Franz Kafka. Publicada en 1916, sorprendió al mundo literario del momento porque la anécdota que soporta el relato es tan simple como absurda: un hombre despierta una mañana convertido en un enorme insecto -aparentemente un escarabajo, aunque no se cita explícitamente en el texto-. Continúa viviendo en su cuarto, tolerado por su familia, y contemplando el transcurrir de la vida desde la óptica de un animal. Después de leer la novela más famosa de Franz Kafka, el gran escritor Gabriel García Márquez decidió atreverse a escribir su primera obra, al darse cuenta de que lo más importante de una narración no está en la trama o en el argumento, de que cualquiera vale, hasta un absurdo, sino que la clave radica en la manera de contarlo y en el fondo reflexivo que aporte.

Franz Kafka es la voz de la conciencia de una época, la suya, el primer cuarto del siglo XX, el crepúsculo de todas las grandes ilusiones e idolatrías del alma moderna. Por eso, a Franz Kafka se interesa más la reflexión que se desprende de sus obras que su esencia narrativa. De hecho, no es un narrador propiamente dicho, porque los acontecimientos que relata no se suceden y evolucionan en una dinámica literaria adecuada, sino que se instala delante de un poderoso símbolo y allí deja solo al lector para que de vueltas alrededor de ese punto hasta llegar a sus propias conclusiones, que nunca suelen distar mucho de las del autor.
Cuanto más absurdo sea el símbolo presentado por Franz Kafka, más carga significativa acerca a la reflexión lectora. Los personajes de Franz Kafka son zarandeados y amenazados por instancias ocultas. No tienen importancia en sí mismos, sino que son prototipos del hombre desvalido y desorientado. Se trata de poner en evidencia el sentido absurdo de la vida y, para ello, introducir en la realidad más cotidiana una distorsión sorprendente utilizando elementos absurdos y fantásticos, como la transformación del viajante comercial Gregor Samsa en escarabajo.